LA IRA DEL JUSTO
Luisa Cuerda
Informa la prensa que Luis Leante, Premio Alfaguara y profesor de latín en un IES, arrancó de cuajo hace unas semanas unas cámaras que le vigilaban a él y a sus alumnos durante la clase. Cuando un escritor premiado y profesor de latín, reconocido por todos como un hombre sumamente pacífico, se juega la respetabilidad arrancando a pleno día unas cámaras de videovigilancia, es hora de preguntarse qué está pasando.
La crisis financiera ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, la perversión de valores que la ha motivado, una perversión que a su vez señala a una sociedad profundamente desmoralizada. Puede que el resultado más triste de la traición de los sindicatos de clase sea que a un trabajador se le exija sumisión en vez de competencia, que la brillantez sea perseguida y que los puestos directivos se ocupen con cancerberos que no sirven para otra cosa. Sucede en todas partes y sucede también en la enseñanza, el lugar donde se forman nuestros hijos.
Luis Leante ha sido tratado como un delincuente por la policía y por la directora del instituto a la vez que sus compañeros y alumnos le apoyaban, lo cual es revelador: los que tenemos más de cuarenta años vivimos una breve época en la que no se consentían los abusos de poder; luego, este pasó de “ostentarse” a “detentarse” mientras se reducía el estudio de las asignaturas que hubieran explicado la diferencia, y tal vez por eso no se notó la transformación del directivo en capataz. Hoy, los jóvenes comulgan con ruedas de molino a cambio de que se les consientan el tipo de cosas que harán de ellos súbditos incultos e impotentes. Sin embargo, aún saben apreciar los gestos.
Luisa Cuerda
Informa la prensa que Luis Leante, Premio Alfaguara y profesor de latín en un IES, arrancó de cuajo hace unas semanas unas cámaras que le vigilaban a él y a sus alumnos durante la clase. Cuando un escritor premiado y profesor de latín, reconocido por todos como un hombre sumamente pacífico, se juega la respetabilidad arrancando a pleno día unas cámaras de videovigilancia, es hora de preguntarse qué está pasando.
La crisis financiera ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, la perversión de valores que la ha motivado, una perversión que a su vez señala a una sociedad profundamente desmoralizada. Puede que el resultado más triste de la traición de los sindicatos de clase sea que a un trabajador se le exija sumisión en vez de competencia, que la brillantez sea perseguida y que los puestos directivos se ocupen con cancerberos que no sirven para otra cosa. Sucede en todas partes y sucede también en la enseñanza, el lugar donde se forman nuestros hijos.
Luis Leante ha sido tratado como un delincuente por la policía y por la directora del instituto a la vez que sus compañeros y alumnos le apoyaban, lo cual es revelador: los que tenemos más de cuarenta años vivimos una breve época en la que no se consentían los abusos de poder; luego, este pasó de “ostentarse” a “detentarse” mientras se reducía el estudio de las asignaturas que hubieran explicado la diferencia, y tal vez por eso no se notó la transformación del directivo en capataz. Hoy, los jóvenes comulgan con ruedas de molino a cambio de que se les consientan el tipo de cosas que harán de ellos súbditos incultos e impotentes. Sin embargo, aún saben apreciar los gestos.
No sé si es una casualidad o una clave que sea un profesor de latín quien arramble con uno de los símbolos de la desfachatez oficial: “le vigilamos por su seguridad”. Pero me parece esperanzador que alguien diga “¡basta!” antes de seguir permitiendo que hagan un rebaño de nosotros y de nuestros hijos.
3 comentarios:
Cosas veremos.
Sigo viva y coleando, contenta de ver los avances en tu bitácora.
A tí te los debo, querida Marta. Esta plantilla me ha parecido más fácil de leer, ¿no? Eso sí, me ha llevado horas... ¡y el libro sin escribir!
Me alegro mucho de que sigas viva, pero ten cuidado con la gastronomía de riesgo.
Un abrazo,
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