LA CONJURA DE LOS NECIOS
Luisa Cuerda
No es mi intención, al usar este título prestado, contradecir el de la columna que firmó el pasado lunes mi compañero Enrique Berzal, a cuyas opiniones me adhiero y a la que poca cosa puede añadirse. Sólo aportar otro enfoque para ampliar, en lo posible, la percepción de los que no salen de su asombro con el asunto de Ámbito.
Venía a decir Jonathan Swift que una de las señales que revelan la aparición de un genio es que los necios se conjuran contra él. Y eso no debe extrañarnos, puesto que el necio intuye que cualquiera que le supere (y son muchos los que lo hacen) puede dar al traste con su pequeño mundo construido sobre pactos con otros necios donde él se siente seguro. Cuando hace cosa de un mes asistí por primera vez a una junta de accionistas de Ámbito, S.A. me sorprendió, y así pedí que constara en acta, que lo que yo creía una asamblea de intelectuales de talla como se espera de la editorial más prestigiosa de nuestra Comunidad, fuese un esperpento que dejaba chico al mejor Berlanga, algo así como si Goya se hubiera dado un atracón de “Crónicas Marcianas” antes de acometer su trabajo en la Quinta del Sordo. La razón fue evidente para mí desde el primer momento: un superávit de necios a los que nadie quería lo suficiente para explicarles que su sitio no estaba allí.
Porque el necio, tanto si nace como si se hace, tiene su lugar en el mundo, donde puede llegar a ser muy feliz y muy útil. Pero nunca, bajo ningún concepto, debe ser admitido en proyectos en los que personas de más nivel ponen su esfuerzo, su conocimiento y su ilusión. Porque está en su naturaleza tanto la ignorancia de su necedad como la emulación, y por ello propende de forma lamentable a apoderarse del timón para guiar la nave a los abismos mientras canta estentóreamente su propia gesta. Es el caso de Ámbito, donde salvo las dos excepciones citadas por Berzal, ni los consejeros ni sus consortes acaban de captar la diferencia entre una empresa y una peña.
Yo creo que a todos los que deseamos dejar atrás ese aspecto casposo de nuestra cultura que nos separa del mundo libre, se nos ofrece una oportunidad única de conseguir que estas personas dejen de enredar y se entretengan con alguna otra cosa. Nos va en ello el prestigio, la justicia y un futuro mejor en todos los ámbitos, si en el que estos días nos ocupa comenzamos a poner en su lugar a los necios y a sus inevitables conjuras.
Luisa Cuerda
No es mi intención, al usar este título prestado, contradecir el de la columna que firmó el pasado lunes mi compañero Enrique Berzal, a cuyas opiniones me adhiero y a la que poca cosa puede añadirse. Sólo aportar otro enfoque para ampliar, en lo posible, la percepción de los que no salen de su asombro con el asunto de Ámbito.
Venía a decir Jonathan Swift que una de las señales que revelan la aparición de un genio es que los necios se conjuran contra él. Y eso no debe extrañarnos, puesto que el necio intuye que cualquiera que le supere (y son muchos los que lo hacen) puede dar al traste con su pequeño mundo construido sobre pactos con otros necios donde él se siente seguro. Cuando hace cosa de un mes asistí por primera vez a una junta de accionistas de Ámbito, S.A. me sorprendió, y así pedí que constara en acta, que lo que yo creía una asamblea de intelectuales de talla como se espera de la editorial más prestigiosa de nuestra Comunidad, fuese un esperpento que dejaba chico al mejor Berlanga, algo así como si Goya se hubiera dado un atracón de “Crónicas Marcianas” antes de acometer su trabajo en la Quinta del Sordo. La razón fue evidente para mí desde el primer momento: un superávit de necios a los que nadie quería lo suficiente para explicarles que su sitio no estaba allí.
Porque el necio, tanto si nace como si se hace, tiene su lugar en el mundo, donde puede llegar a ser muy feliz y muy útil. Pero nunca, bajo ningún concepto, debe ser admitido en proyectos en los que personas de más nivel ponen su esfuerzo, su conocimiento y su ilusión. Porque está en su naturaleza tanto la ignorancia de su necedad como la emulación, y por ello propende de forma lamentable a apoderarse del timón para guiar la nave a los abismos mientras canta estentóreamente su propia gesta. Es el caso de Ámbito, donde salvo las dos excepciones citadas por Berzal, ni los consejeros ni sus consortes acaban de captar la diferencia entre una empresa y una peña.
Yo creo que a todos los que deseamos dejar atrás ese aspecto casposo de nuestra cultura que nos separa del mundo libre, se nos ofrece una oportunidad única de conseguir que estas personas dejen de enredar y se entretengan con alguna otra cosa. Nos va en ello el prestigio, la justicia y un futuro mejor en todos los ámbitos, si en el que estos días nos ocupa comenzamos a poner en su lugar a los necios y a sus inevitables conjuras.
4 comentarios:
Me gusto lo que dices, se nota al genio en que no se enreda cuando se da cuenta que se unen contra él y no es que no lo vea, que si lo ve, lo que pasa es que sabe lo que debe de hacer y sigue muy seguro su camino, mientras los otros tiran piedras, pero, pero, pero, solo son perdedores. Los necios lo son por la “envidia”, solo esta “virtud-defecto” es la que los opaca y los hace necios.
El hombre que se sabe poco listo, torpe y lo asume, ese es sumamente inteligente y es un sabio en su torpeza, porque se aparta y sonríe a los que si pueden hacerlo, se da cuenta que el no llega, pero no es importante tener más o menos cerebro, lo interesante es saber tus limitaciones y no impedir al resto que sigan , lo que a lo mejor otro no puede llagar…
Pero estos estúpidos necios lo son por que quieren “ser” y no pueden, entonces envidian y hay es donde empieza su “mejor y mayor estupidez” sinceramente, no soporto la envidia, es algo que deploro…ni come ni deja comer. Trata de paralizar y de estropear. Es un gran mal…
Un saludo Marvision
No estuve allí (en la asamblea que dio la pista al despropósito de Ámbito), pero me han contado que fue un vodevil impagable con un epílogo de escenas callejeras que bien podría calificarse de altercado. Creo que nos debes una vuelta al escenario para contar de pe a pa lo sucedido. Porque si no se conoce bien la astracanada de la asamblea de socios, con mujeres, hermanitos, cuñadas y cuñados, botarates usados como arietes y la impasible ausencia de un presidente que deja hacer a la verdulería, es difícil encajar en su lugar el despropósito de los últimos meses de Ámbito. Por cierto, vi en el periódico una mención a grabaciones de teléfono que me pareció increíble en boca del viejo catedrático descerebrado. Ay, Valdeón, qué mal elegiste otra vez más. Ahora ya sabes lo que te espera.
Pero qué es eso de la grabación de conversaciones. ¿Os fumáis todos o vais así de colgaos por la vida? que me lo expliquen. Quién grabó. A quién. cuándo. Esto parece el culebrón de la pantoja.
Javier, te remito a mi largo comentario en la entrada "Ámbito". Es normal que el "usuario anónimo" piense que le damos a la hierba. Pero no. Este es uno de esos casos en los que se hace buena la expresión "Drogas, ¿para qué?". Increíblemente, querido usuario anónimo, Julio Valdeón hizo unas declaraciones en EL MUNDO DIARIO DE VALLADOLID, creo que fue el día tres de agosto o por ahí en las que dice que "le han dicho que existe una grabación en la que Ernesto Escapa y Gonzalo Santonja ponen verde a su hijo". Lo triste no es que este señor derive de esa manera, lo cual es más digno de compasión que de otra cosa, sino que nadie a su alrededor lo quiera lo suficiente como para impedirle que se ponga en evidencia de ese modo. Pero se diría que interesa más que siga ahí, sufriendo y equivocándose, para que dé más tiempo a medrar mientras tanto. En todo caso, esas son las personas que intentan regir los destinos de una editorial que nació para otros fines. No deberíamos permitírselo, la verdad.
Publicar un comentario en la entrada